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Medicamentos y niños
Dr. Marcelino Pumarada Prieto
Pediatra. Hospital del Oriente de Asturias, Arriondas.
Disponible también en formato pdf (60 KB)
Desde el mismo momento del nacimiento, en la sala de partos, se inicia una relación entre niño y medicamento. Es precisamente en los primeros 3-4 años de vida cuantas más veces se consulta al pediatra y cuando más necesidad de medicarles tenemos. Sin embargo, también es ese el periodo de tiempo donde más frecuentemente se ingieren fármacos no deseables o dosis excesivas de los mismos, constituyendo, quizás, el accidente infantil más fácilmente evitable. El objetivo de estas líneas no es otro que ayudar a componer un pequeño botiquín para el domicilio, que contenga justo lo necesario, y a seguir un conjunto de normas para evitar que los niños puedan intoxicarse con esos medicamentos.
Los
componentes básicos de un botiquín infantil son: un termómetro, un
antiséptico para curar heridas (povidona iodada, agua oxigenada,
clorhexidina, etc.), gasas, tiritas y esparadrapos para cubrirla en
caso necesario y como fármacos, únicamente aquellos del tipo
analgésico-antipirético, es decir, medicamentos para tratar la fiebre y
el dolor. Los más utilizados son el paracetamol y el ibuprofeno. Así
mismo, cuando el niño tenga catarro, también podremos tener suero o
cualquier preparado para la limpieza de la nariz. Como norma general
guardaremos este botiquín siempre en el mismo sitio, donde fácilmente
recordemos su ubicación, fuera del alcance o vista de los niños, en un
armario o ubicación cerrado con llave, utilizando el preparado
comercial que tenga frasco de seguridad y manteniéndolo con el
prospecto e indicaciones del fabricante. No es conveniente guardar las
medicinas en recipientes que puedan llamar la atención del niño, como
por ejemplo, cajas de galletas o bombones, sino en cajas que
destinaremos específicamente para ese fin. Lo revisaremos de forma
periódica para comprobar la fecha de caducidad de las medicaciones y
repondremos aquello que hayamos utilizado.
Si el niño tiene una enfermedad crónica (por ejemplo, asma), debemos incluir también los medicamentos que tome de forma habitual (por ejemplo, broncodilatadores). De esa caja siempre excluiremos medicinas que nos hayan “sobrado” de otros procesos, como por ejemplo antibióticos, mucolíticos, anticatarrales, antitusígenos, etc., que debemos tirar una vez haya finalizado su uso.
En caso de viajes o periodos de vacaciones fuera de casa, llevaremos con nosotros un botiquín similar, al que podremos añadir cremas de protección solar, preparados para después del sol y medicación para el mareo en caso de que el niño lo padezca. Así mismo, debemos llevar con nosotros las cartillas sanitarias individuales de la seguridad social o de nuestro seguro médico habitual, y una vez instalados en el sitio de destino, conocer el centro sanitario donde podamos acudir con ellos en caso de enfermedad.
Antes de darle cualquier medicamento a nuestros hijos, es preciso que sepamos específicamente su nombre y para qué sirve (por ejemplo amoxicilina es un antibiótico), su forma de administración (habitualmente jarabes o sobres), cada cuánto debemos dárselo y durante cuánto tiempo (por ejemplo, cada 8 horas durante diez días), los posibles efectos no deseados que puedan presentarse con la toma (por ejemplo estreñimiento al tomar codeína) y por supuesto, la dosis del mismo. Debemos recordar que la dosificación de los medicamentos en pediatría se hace en virtud del peso del niño y no de la edad, y por lo tanto los jarabes los mediremos en mililitros o centímetros cúbicos (son sinónimos). La automedicación y el incumplimiento terapéutico (dejar de darle el antibiótico antes de finalizar el tratamiento) son prácticas muy difundidas entre nosotros y por extensión hacemos partícipes a los niños. Recordad que nuestros hijos intentarán imitar todo aquello que hacemos, más si cabe nuestros hábitos. Por ese motivo no es conveniente que tomemos nuestras medicinas en su presencia, ni debemos decirle nunca lo “rico” o “bueno” que está este o ese jarabe.
Haga partícipe a su hijo de su propia enfermedad, dígale que está malito y por qué, y cuando le administre un medicamento, asegúrese de que el niño adquiera conciencia de ello. De esa manera evitará que lo tome por su cuenta. Procure utilizar estos consejos para usted mismo y recuerde que ellos siempre tratarán de imitarnos.
Actualizado el 16-06-2005
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