Dr. Eduardo Ramos Polo.
Pediatra. Hospital Universitario Central de Asturias.
Dr. David Pérez Solís.
Pediatra. Hospital San Agustín,
Avilés, Asturias.
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Los meses de verano suelen ser los escogidos para las vacaciones, por lo que a los cambios en los hábitos de los niños y sus familias se añaden factores climáticos propios de la estación estival. Si no tenemos esto en cuenta pueden surgir problemas, a veces importantes, por lo que más que nunca nos interesa anticiparnos para cumplir la máxima de más vale prevenir que curar.
Las vacaciones deben ser correctamente programadas, y esta programación comienza con la elección de un lugar adecuado para los niños, donde puedan desarrollar sus actividades con seguridad.
Si el medio de transporte es el coche debe hacerse una puesta a punto a conciencia, porque un vehículo en condiciones no óptimas puede ser causa de accidentes. Antes de ponerse en marcha hay que revisar a fondo todas las medidas de seguridad, como el cierre seguro de las puertas, los obligatorios asientos y sillitas homologados de acuerdo con el peso y edad de los niños, y el cinturón de seguridad. La obligación de conducir de manera responsable se hace en este caso absolutamente inapelable, y las necesidades de los niños han de tenerse en cuenta parando las veces que sean necesarias, por lo que siempre debe calcularse el tiempo de viaje con mucha holgura.
Debe evitarse que los niños viajen en el asiento delantero, mucho más peligroso que los traseros. En los asientos no deben llevarse objetos pesados o con bordes agudos, que en caso de frenazos o maniobras bruscas pueden moverse y producir lesiones. Jamás se debe permitir que los niños saquen los brazos o la cabeza por las ventanillas, o que tiren objetos. También es importante impedir que durante el viaje los niños distraigan la atención del conductor.
El mareo o cinetosis es un problema bastante frecuente. Se trata de una sensación desagradable de inestabilidad, náuseas, vómitos y otras manifestaciones como bostezos, sudor frío o palidez. Es raro que afecte a los niños menores de 2 años, pero a partir de esa edad la sensibilidad al mareo se incrementa hasta los 12 años, cuando a empiezan a disminuir, aunque hay adultos que siguen padeciendo mareos durante toda su vida. Para prevenir el mareo se pueden dar algunas recomendaciones:
Cuando los síntomas del mareo son intensos puede ser necesario el empleo de un tratamiento médico, para lo cual debe pedir asesoramiento a su pediatra.
Si viajamos en avión los cambios en la presión del aire pueden desencadenar dolor de oídos, sobre todo a despegar y aterrizar. Para evitarlo se pueden hacer maniobras que ayuden a abrir la trompa de Eustaquio (que comunica el oído medio con las fosas nasales) para que las presiones se igualen, como tragar saliva, beber, masticar un chicle (no en los más pequeños) o bostezar.
En el lugar de vacaciones conviene confirmar el número de los servicios de urgencia (en la Unión Europea es siempre el 112), y saber dónde se encuentran el centro de salud y el hospital más cercanos. No hay que olvidar la documentación de los niños (libro de familia, documento de identidad) especialmente para viajes en avión. Es conveniente que los niños lleven consigo la dirección y teléfono de contacto durante las vacaciones, que puede ser muy útil si se pierden.
Si se come fuera de casa hay que hacerlo en establecimientos que ofrezcan unas mínimas garantías higiénicas y de calidad. Los alimentos cocidos suelen ser seguros, pero los alimentos crudos tienen el peligro de poder estar contaminados y acarrear problemas gastrointestinales o de otra índole.
Hay que tener cuidado especial con el agua, porque si no está tratada también es un vehículo de transmisión de enfermedades. La ingesta de agua mineral embotellada es la opción más segura. No hay que olvidar que el hielo también puede estar contaminado.
Su principal peligro, en especial cuando se acompaña de vómitos, es la deshidratación. La mayoría de las diarreas son de naturaleza infecciosa y el contagio se realiza a través de la boca, por la ingesta de alimentos o agua contaminados, o por contacto con un portador del germen.
Lo fundamental para evitar la deshidratación es reponer el agua y las sales que se pierden bebiendo soluciones hidroelectrolíticas adecuadas. Salvo en situaciones muy concretas no se deben dar antibióticos ni frenadores de la motilidad intestinal.
El término diarrea del viajero se refiere a una diarrea de causa infecciosa que sucede cuando visitantes de países con una buena infraestructura sanitaria e higiénica viajan a lugares que no cuentan con esos medios.
La diarrea del viajero se produce al beber agua o al ingerir alimentos contaminados con material fecal. Para prevenirla se pueden aplicar algunas medidas:
La gran mayoría son producidas por insectos como las abejas, avispas, hormigas y mosquitos, que ocasionan reacciones locales pasajeras en forma de elevación en la piel con un halo enrojecido alrededor y picor. A veces pueden revestir gravedad si son múltiples, afectan por dentro de la boca o la garganta o cuando la persona tiene una alergia a las picaduras de ese insecto, lo que puede originar un choque anafiláctico que constituye una urgencia vital.
Si vamos con los niños al campo hay que tomar precauciones, como evitar zonas donde los insectos se reúnen (estanques, vertederos de alimentos, jardines florecidos, etc.), no vestir al niño con ropa de colores brillantes o con flores estampadas y aplicarles un repelente adecuado en las partes expuestas.
Las picaduras leves no necesitan tratamiento médico. Las molestias pueden aliviarse aplicando sobre la picadura hielo, una compresa con vinagre o un preparado comercial para picaduras, que suelen llevar amoniaco. Si la picadura es en la boca se puede chupar hielo y es conveniente acudir a un centro médico. Es mejor no quitar los aguijones si no se conoce bien la maniobra para hacerlo. Si es un aguijón visible sobre la piel se puede rascar horizontalmente con suavidad con una tarjeta de crédito o una uña para extraerlo. Si una picadura produce una reacción exagerada, se hincha la cara o hay dificultad para hablar o tragar hay que acudir a un centro médico con urgencia.
Otras picaduras frecuentes, en este caso durante el baño en el mar, son las de las medusas, que producen dolor y picor intensos seguidos de una reacción inflamatoria con granos y vesículas. En estos casos podemos acudir a los responsables de los puestos de socorro de la playa.
Es muy importante limitar la exposición al sol y evitar las quemaduras, dado que el riesgo de desarrollar un cáncer de piel está en estrecha relación con ello. Los niños no van a la playa o a la piscina para broncearse, sino para jugar y disfrutar, por lo que el objetivo es protegerlos del sol mientras hacen esas actividades. Algunos consejos útiles son los siguientes:
Los bebes menores de 6 meses de edad no deben ser recibir luz solar directa, hay que proporcionarles sombra, vestirlos con ropa ligera y cuidar especialmente su hidratación.
Si pese a todo el niño sufre una quemadura solar puede aplicarle compresas con agua fría, que ayudan a mitigar las molestias, y manténgalo libre de exposición solar hasta que la quemadura cure completamente.
La insolación es uno de los problemas más graves en relación con el sol y se produce por una exposición prolongada a temperaturas elevadas. Hay que prevenirla limitando la exposición, bebiendo con frecuencia y evitando hacer mucho ejercicio. Puede requerir de atención médica.
El ahogamiento es una de las mayores causas de mortalidad y de lesiones en los niños, y la mayoría podrían evitarse con algunas precauciones.
La primera e incuestionable medida, es no perder de vista al niño ni un instante, ya sea en la playa, en la piscina o en la orilla del río, porque la mayoría de los ahogamientos son silentes. Además, para incrementar la seguridad, en las piscinas es importante tomar las siguientes medidas:
Los flotadores no son un sustituto de los chalecos salvavidas y pueden dar una falsa sensación de seguridad, dado que pueden soltarse y dejar al niño desprotegido.
Además, se recomienda para todas las personas en general no bañarse justo después de comidas copiosas, y la entrada al agua hay que hacerla de forma progresiva. Es importante que en las zonas de baño públicas se cumpla con las señales de peligro y las banderas, así como con las indicaciones de socorristas y vigilantes.
La bicicleta es un medio excelente para hacer deporte al aire libre, pero es necesario tomar precauciones para evitar el riesgo de accidentes. Además de una conducción adecuada conforme a las normas de circulación y al sentido común, es imprescindible el uso del casco, que protege contra las lesiones más graves (las de la cabeza). Puede encontrar información más completa sobre este punto en nuestra web.
De la misma manera que se hizo una programación para la ida, hay que hacer otra para el regreso. El retorno hay que hacerlo con tiempo, con tranquilidad y alegría. Una vez en casa es bueno revivir juntos todos los momentos felices y hacer que los chicos relaten y plasmen de alguna forma sus experiencias vacacionales, porque les ayuda a estimular la imaginación, a continuar en contacto con los nuevos amigos. Además, durante las vacaciones de verano, después de ese periodo de ocio, es interesante que los chicos participen en alguna otra actividad formativa, que ensalce los valores humanos y fortalezca la solidaridad.
¡FELICES VACACIONES!
Actualizado el 2-07-2006
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