Dr. Maximino Fernández Pérez.
Pediatra.
Centro de Salud de La Felguera, Asturias.
Dra. Marta López Benito.
Pediatra.
Centro de Salud Contrueces (Gijón), Asturias.
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Si su hij@ tiene TDAH deberá seguir controles regulares por un profesional conocedor del trastorno. Una opción inicial es consultar con su pediatra y en el colegio. La realidad asistencial en el momento actual es que aunque podrá encontrar diversidad de conocimiento del TDAH en los distintos profesionales consultados, éstos le facilitarán el camino para encontrar al profesional adecuado para la situación.
El diagnóstico de certeza no implica que se deban llevar a cabo siempre los mismos tratamientos o controles: debe ser individualizado según las características del caso, de acuerdo con la familia y según la evolución.
Las diversas opciones terapéuticas pueden ser:
Medicamentos: es una opción muy eficaz que se dirige a los síntomas fundamentales del trastorno, además de mejorar también algunos problemas secundarios. Cuando se lleva a cabo por el pediatra, neuropediatra u otro especialista, se siguen una serie de controles que permiten su casi completa seguridad. Muchos padres tratan de establecer relación entre el TDAH y otras características personales del niño, pero en este trastorno esas facetas de su inteligencia o personalidad no están afectadas. La base del problema está en determinadas regiones cerebrales y en la menor disponibilidad de un transmisor neuronal que es clave para mantener nuestra concentración. La inteligencia no está afectada y el hecho de tener retraso mental excluye el diagnóstico, si bien sus estrategias o estilos de aprendizaje peculiares sí que pueden afectarle.
Más de la mitad de los padres tienen el trastorno, que hoy se sabe que sigue un patrón genético, si bien en otros casos no es así y se relaciona con causas no genéticas. Conocer este hecho facilita el diagnóstico de TDAH en los padres, explicando también cómo es el problema en los adultos, que presenta algunas diferencias con los niños.
Muchos niños mejoran cuando llega la adolescencia, posiblemente por la maduración de las regiones cerebrales afectadas. En otros casos los síntomas más sobresalientes, como la hiperactividad, se aminoran (hiperactivos “hipoactivos”) y en los adultos puede haber problemas de atención y de personalidad. En los casos peores se asiste a graves problemas de la conducta, ruptura de normas e importante afectación psiquiátrica y social. En otros casos el paciente aprende por sí mismo estrategias que le ayudan a llevar una vida normal.
El medicamento que actualmente se prescribe para el TDAH es el metilfenidato, un “estimulante” que normaliza los niveles del neurotransmisior afectado, facilitando la atención y evitando así que otros estímulos interfieran en la actividad que se esté haciendo. No es ninguna “droga” ni produce adicción (al contrario, los adolescentes con TDAH no tratado tienen doble de riesgo de adicción a drogas y tabaco que quienes están en tratamiento o no padecen el trastorno). Con frecuencia comparamos la prescripción del medicamento con el niño al que se le ponen gafas: de repente empieza a ver mejor, a hacer las cosas mejor, sin que por ello hayamos curado su miopía, ni hecho más listo; sólo que ambos tienen ahora las mismas oportunidades que los demás.
Sí, pero la mayoría leves y transitorios al comienzo, aunque poco frecuentes. Hoy sabemos que no produce retraso del crecimiento ni problemas neurológicos. Pueden aumentar la frecuencia cardiaca y la tensión arterial muy levemente, por eso se miden antes del tratamiento, así como en los controles posteriores.
El efecto del medicamento es superior a otras medidas citadas, siendo eficaz en el 70-80% de los pacientes. Cuando al medicamento se asocian otras terapias psicológicas (tratamiento combinado) muchos padres y profesores aprecian mejor los avances, sobre todo si además de TDAH hay problemas de conducta o de ansiedad, aunque la eficacia o control del TDAH sea similar.
Habitualmente no, sólo cuando hay dificultades de aprendizaje o fracaso escolar. La inteligencia medida por las pruebas convencionales no refleja todo el potencial intelectual del niño, y menos aún otras facetas como la creatividad o las capacidades artísticas o sociales, que en estos niños pueden ser muy relevantes.
Con frecuencia se achaca o culpabiliza a los padres desde el medio educativo, profesional o social. Actualmente se conoce su origen neurobiológico, que es completamente independiente del estilo educativo de los padres.
Algunos libros y direcciones en internet que aportan más información son:
Vea también en esta web: TDAH 1ª parte.
Actualizado el 28-12-2006
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