Dra. Mª Agustina Alonso.
Pediatra. Centro de Salud de Colunga, Asturias.
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La obesidad infantil ha aumentado en los últimos años de forma preocupante en nuestro país, encontrándonos actualmente con una prevalencia media de un 14%. Es un trastorno nutricional crónico, de complicado abordaje, con tendencia a perpetuarse en el tiempo (hasta un 80% de niños obesos serán adultos obesos), por lo que su prevención tiene gran interés sanitario y social. Conceptualmente es un exceso de grasa corporal, para cuyo diagnóstico se utilizan índices sencillos que relacionan el peso y la talla (IMC = Índice de Masa Corporal).
La obesidad depende de factores genéticos (se han identificado cientos de genes relacionados) y ambientales, lo cual implica que ante una herencia de obesidad debemos incrementar la atención y el esfuerzo para prevenirla. Aunque el origen del problema es la combinación de una ingesta excesiva, un bajo gasto calórico (escasa actividad) y una predisposición genética, el estilo de vida de los niños va a condicionar que esa obesidad se desarrolle o no.
Tiene muchas implicaciones a corto, medio y largo plazo. Es bien conocida, desde hace más de 50 años, su asociación con enfermedades como: hipertensión, arteriosclerosis, accidentes cerebrovasculares, diabetes mellitus,...
Otras complicaciones menos divulgadas son ortopédicas (epifisiolisis, valgo de rodillas, escoliosis), dermatológicas (estrías cutáneas, dermatitis de pliegues), trastornos del sueño como ronquido y apnea (más frecuente en adultos), acúmulo de grasa en las mamas (ginecomastia en varones) o región suprapúbica (genitales enterrados, pene aparentemente pequeño).
La obesidad en sí misma y sus complicaciones tienen gran repercusión no sólo en la salud sino también en la calidad de vida y autoestima personal. La imagen corporal, sobre todo en la adolescencia, puede ser negativa, motivando complejos y conductas depresivas, que a veces no son identificadas por el propio niño o sus padres.
Las medidas de prevención deben aplicarse a todos los niños desde el nacimiento, pero especialmente si existen “factores de riesgo”: padres obesos (aumenta hasta en un 40% en los hijos), sedentarismo, incremento marcado de peso antes de los 6-7 años, exceso de consumo de grasas y escaso de frutas, verduras y fibra.
Evitar la sobrealimentación. Es más importante la calidad del alimento que la cantidad. Enseñar a los niños a comer de todo, no en grandes cantidades.
Conseguir para los niños un peso adecuado, ayudándoles a adquirir un estilo de vida más saludable, es un buen regalo para su futuro.
Actualizado el 16-04-2006
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